martes, 28 de enero de 2014

De mi lid

A esa Dama, con nombre de bella flor.

Exprimo mi pensamiento, espoleando a mis sentimientos y azuzando a mi entendimiento para encontrar las palabras que al fin que persigo sirvan, como sirve diligente el Escudero al caballero, preparándole y teniendo prestas sus armas, aquellas que usará en el torneo, lid buscada contra el tiempo, contra la premura por conseguir el triunfo de esas palabras afiladas como espadas, que logran abrir brecha en el pensamiento de aquella a quien van dirigidas, espada de fuego, de pasión, que cauterice a la vez que dulcemente hiere, con heridas sin sangre ni sufrimiento,
Ordeno pues a mi Escudero que me alcance lanza y escudo, de fibra de corazón forjada y expolio a mi corcel, pues esta lid fuera tan sublime que propia fuera del cantar de las hazañas del más osado de los adalides.
Y todo ello por conseguir con mis palabras, el pañuelo perfumado de la Dama.

domingo, 26 de enero de 2014

A toi et a ma impatience.

Me encaramo a las agujas del reloj
Para lanzarme a la grupa de las horas
Y cabalgar veloz sobre los minutos
Hincando las espuelas de mi impaciencia
En los costados de los segundos
Para que el tiempo se lance a la carrera
Y llegar a ti en lo que tarda un pensamiento.

A la luna le apremio
Para que salga de su sueño
Necesito que su luz sea el faro
Que guíe hasta ti mis versos.
Para que así, bañados en la  plata
A la distraída luna robada
Más hermosos te parezcan.

Corcel veloz sea para mi ahora el tiempo
Y luego se transforme en lago quieto
Cuando lo que quiera sea que se detenga
Porque compartirlo contigo sea algo cierto

Entonces tirare al agua mis espuelas
También de selenita plata labradas
Que ese lago se las quede como ofrenda
Pagando con ellas las horas contigo deseadas.

viernes, 24 de enero de 2014

Mírame


A toi et tes papillons


-Mírame –me dijo.
-No quiero.
-¿No te gusto?
-Me gustas mucho.
-Entonces, mírame –repitió mientras su boca   dibujaba un mohín de disgusto.
-No quiero mirarte.
-¿Soy fea?
-Eres bella como…
-¿Como una sirena? ¿Cómo una princesa? –preguntó ella con voz delicada y    
  temblorosa.
-Más que eso. Como una diosa –afirmé rotundo.
-¡Pues mírame!
-No quiero mirarte.
Ella dejó entonces que hablaran sus ojos con tristeza.
Por sus mejillas resbalaron dos lágrimas que sequé con mis labios.
-Dime porqué no quieres mirarme –suplicó.
De nuevo bebí su llanto dulce.
-Porque si te miro, como quiero mirarte,  tendría que darte mis ojos  para que los     
  guardases. Pues no encontraría razón para ver nada más, ni a nadie.
Ella sonrió.
-Entonces mírame sin miedo y guarda tus ojos y sigue mirando todo lo que te resulte     
  hermoso.
-Yo me conformo –siguió ella con dulzura- con que cuando te diga: mírame, me mires.


                                                                                                                    Tito.

martes, 21 de enero de 2014

 Pour le Princess du fées

Paseábamos un día junto a un pozo que le llamaban el de los deseos, pues según contaban, se concedía el que pedías al arrojar una moneda al fondo.
-Ven y pide tú uno -me dijo ella mirándome a los ojos.
Sin decir nada, la besé en los párpados con un beso largo.
-¿Porqué has hecho eso?- me dijo sorprendida.
-Porque estos son los únicos pozos, bellos, misteriosos y  profundos, donde yo  deposito mis tesoros y en los únicos en  que confío me concedan lo que pido.
-¿Y que es? -volvió ella a preguntar.
-Que no me falten, para seguir pidiendo en ellos siempre el mísmo deseo.
                                                                  

viernes, 17 de enero de 2014

Un cuento de hadas

Para Rosa



Déjame que te cuente un cuento
De esos que escriben las hadas
Para ser leídos a solas tras la ventana

Érase una vez que se era
El retrato de una dama
Que pintado con luz estaba
En verso el cuento se contaba

Qué cartero fuera aquel
Al que el azar mandara
A deslizar bajo mi puerta
Aquella semblanza, velada.
 

Qué sutil que obrara
Cual fuera un fantasma
Pues apenas si me di cuenta
De cómo su misiva entregaba

Pero ahí estaban
El dibujo de unos ojos
El perfil de una boca
La línea suave de unas formas.

Pero aquí el cuento no acababa
 Pues seguían sus palabras
Y el pensamiento que encerraban.

A las hadas me dirigí.
Cantores de este cuento
A reprenderlas con criterio
Que del oficio de narrar entiendo.

¿Porqué nos reprendes?
No te ha gustado el retrato.
O es nuestro cuento, que aunque de hadas
No es por ello menos cierto.

En defensa de su historia
Las hadas siguieron diciendo.
Dinos qué le falta
Para dejarte contento

Quizás fuera, le falta magia
¡Oh no! El conjuro que usamos
No era el apropiado, a bien cierto.

O sería la tinta con que escribimos
Pues nos aseguraron que de risa de sirena era
Tal vez nos engañaron.

La luz con que pintamos el retrato
Del lucero del alba la sacamos
Quizás prefirieras otra estrella.
Aquella a la que nuestras manos no alcanzaron.

Por fin explicarme me dejaron.
Oportunidad tuve de expresarles
De mis críticas el porqué sensato.

En vuestro cuento, por sirenas inspirado
En vuestro retrato, con  luz de estrella pintado
En vuestro conjuro bienintencionado.

Me mostráis
El dibujo de unos ojos
La línea de una boca
La veladura de unas formas
El discurso de su alma

Pero os olvidasteis de aquello
Que en falta echo
Y que ahora os relato

De sus ojos, el brillo de sus pupilas
De su boca, la humedad de sus labios
De sus formas, la suavidad de su tacto.
De sus palabras, el rítmo con que las pronunciara

Y aún más.
Adornarla con joyas
Bien le haría
Estas, os las regalo yo. ¡Tomadlas!

Ágatas para sus ojos
Rubí para su boca
Diamantes que vistan su cuerpo
El canto de los ángeles para sus palabras.

Y de paso sobre sus penas
Les pintáis alas
Para que vuelen, sin ser olvidadas.
Pues alguna pluma guardara.

Y si os sobra algo de magia
Volved sobre vuestro libro de pócimas
Y crear un perfume, el más sublime
Derramarlo después sobre ella

Que así de joyas vestida
Con su alma elevada
Y de magia perfumada
Más aún que la luna brille
Y que el propio sol calentara.

No te has dado cuenta de nada
Respondes las hadas.
Riéndose en mi cara

Todo lo que pides para ella
Ya se lo concedimos
Mucho antes de que a ti ese retrato llegara
Pero son gracias de hadas

Solo visibles para aquellos
A quien ella quiera mostrarlas
A quien sepa de verdad mirarla.

Así que tú, poeta tonto
Recibe el consejo de las  hadas
Y escribe tu el final del cuento.
Toma la tinta de risa de sirena

Lo demás de tu pecho saca.