martes, 28 de enero de 2014

De mi lid

A esa Dama, con nombre de bella flor.

Exprimo mi pensamiento, espoleando a mis sentimientos y azuzando a mi entendimiento para encontrar las palabras que al fin que persigo sirvan, como sirve diligente el Escudero al caballero, preparándole y teniendo prestas sus armas, aquellas que usará en el torneo, lid buscada contra el tiempo, contra la premura por conseguir el triunfo de esas palabras afiladas como espadas, que logran abrir brecha en el pensamiento de aquella a quien van dirigidas, espada de fuego, de pasión, que cauterice a la vez que dulcemente hiere, con heridas sin sangre ni sufrimiento,
Ordeno pues a mi Escudero que me alcance lanza y escudo, de fibra de corazón forjada y expolio a mi corcel, pues esta lid fuera tan sublime que propia fuera del cantar de las hazañas del más osado de los adalides.
Y todo ello por conseguir con mis palabras, el pañuelo perfumado de la Dama.

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