viernes, 24 de enero de 2014

Mírame


A toi et tes papillons


-Mírame –me dijo.
-No quiero.
-¿No te gusto?
-Me gustas mucho.
-Entonces, mírame –repitió mientras su boca   dibujaba un mohín de disgusto.
-No quiero mirarte.
-¿Soy fea?
-Eres bella como…
-¿Como una sirena? ¿Cómo una princesa? –preguntó ella con voz delicada y    
  temblorosa.
-Más que eso. Como una diosa –afirmé rotundo.
-¡Pues mírame!
-No quiero mirarte.
Ella dejó entonces que hablaran sus ojos con tristeza.
Por sus mejillas resbalaron dos lágrimas que sequé con mis labios.
-Dime porqué no quieres mirarme –suplicó.
De nuevo bebí su llanto dulce.
-Porque si te miro, como quiero mirarte,  tendría que darte mis ojos  para que los     
  guardases. Pues no encontraría razón para ver nada más, ni a nadie.
Ella sonrió.
-Entonces mírame sin miedo y guarda tus ojos y sigue mirando todo lo que te resulte     
  hermoso.
-Yo me conformo –siguió ella con dulzura- con que cuando te diga: mírame, me mires.


                                                                                                                    Tito.

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